miércoles, 28 de enero de 2009

Postrados ante su Majestuosidad

La palabra griega para adoración es proskyneoµ que se puede traducir como postrarse—y así manifestar temor reverencial y una actitud de admiración y respetuosa adoración.

En la Biblia podemos encontrar varios casos en que hombres terminan postrándose ante Dios:

Apocalipsis 1 Juan cae a sus pies como muerto
Apocalipsis 4:10 Los 24 ancianos se postraron y le adoraron
Salmo 72:11 Todos los reyes se postrarán delante de él
Isaías 45:23 Toda rodilla se doblará ante el

Pero quizás si el momento más impresionante es el que se da en Getsemaní poco antes de la crucifixión, Jesús está en su momento mas difícil, muchos están en su contra, sabe que en ese mismo momento uno de los suyos le está traicionando, sabe que le espera una muerte atroz, el evangelio de Lucas dice que su sudor era como grandes gotas de sangre, sin embargo cuando Judas, algunos fariseos, sumos sacerdotes y soldados armados llegan a arrestarle sucede algo increíble y el evangelio de Juan lo relata de esta forma:

Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les preguntó: ¿A quién buscáis?
Le respondieron: A Jesús nazareno.
Jesús les dijo: Yo soy.
Estaba también con ellos Judas, el que lo entregaba. Cuando les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra.


Vemos a Jesús en un momento difícil, agotado, desarmado, preocupado, y aun así al pronunciar las palabras YO SOY, aquellos que iban a arrestarle tan agresivamente fueron obligados a postrarse ante la grandeza y majestad de aquel a quien iban a matar, por un momento ellos sin desearlo estaban postrados ante Jesús y ya vendrá el momento en que toda rodilla se doblará ante su presencia, sin embargo, cuanto mas nosotros debemos inclinarnos hoy ante el.

Adorar no es solo cantar, la Biblia dice que los ángeles cantan, los seres vivientes le alaban, pero los 24 ancianos se postran ante él, postrarse es la máxima señal física de reverencia.

Si quieres ser un adorador pon tu mirada en Jesús no en ti, no en quien ministra sino en la grandeza de nuestro Señor.

En esta época post moderna, en que todo es relativo, irreverente, estamos llamados a ser verdaderos adoradores, a reconocer a Dios en toda su grandeza, a tener intimidad con él.

Déjate transformar en la presencia de Dios, al igual que Moisés los adoradores que quitan su velo son diferentes cuando bajan del monte, ESTÁN RADIANTES por todo lo que ven y resplandecen por la Gloria de Dios.

Has como Abraham, quien esperó por muchos años la promesa, pero no se aferró a ella sino a Dios.

Has como Isaías, que luego de su llamamiento en Isaías 6 fue quebrantado en adoración y pudo decir heme aquí envíame a mi.

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús:
Él, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres.
Mas aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.Por eso Dios también lo exaltó sobre todas las cosas y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. (Filipenses 2:5-11)